David Tena Reiff 1 marzo, 2011
“Los realizadores de obras
documentales tienen hoy tal vez el papel que tuvieron los grandes
escritores naturalistas como Emile Zola en el siglo XIX”
-Thierry Garrel-
Director y productor de documentales de arte.
Nacimiento y marco conceptual
Según cuenta la historia fue un cigarro. Un cigarro el que quemó el primer material fílmico de Robert Flaherty (1884-1951) por aquel entonces un ingeniero de minas estadounidense destinado a explorar la riqueza mineral de la bahía de Hudson en Canadá, y que empezó a filmar las peculiaridades de la vida ártica de una comunidad inuit de la región. Tras tres años investigando y recopilando imágenes en movimiento el accidente le obligó a volver al inicio de las grabaciones, pero retomándolas esta vez con un planteamiento diferente y más ambicioso: buscaba una estructura narrativa propia del cine de ficción y unos personajes sobre los que pudiera descansar toda la trama del filme, en otras palabras, introdujo una serie de elementos que pueden considerarse como las características fundacionales del género documental contemporáneo o documental de creación.
Según la definición más aceptada, se consideran como tales aquellas obras con un planteamiento y punto de vista singular por parte del autor, que construye de esta forma un relato audiovisual basado en la experiencia de lo real y que le confiere la garantía de género cinematográfico, diferenciándose del reportaje y del documental clásico televisivo por su estética y producción más artística. El resultado fue Nanook el esquimal (1920), filme considerado para muchos la ópera prima de máxima referencia en cuanto a este género y que no estuvo exento de polémica debido al carácter “manipulado” de su producción. En él, Robert Flaherty utilizó primeros planos, contraplanos, panorámicas y todo un abanico de técnicas narrativas y dramáticas prestadas del cine de ficción, con lo que consiguió magistralmente que una historia real y el impacto emocional fueran unidos de la mano.
Auge y expansión: los últimos 20 años
Con la industrialización comercial del cine de ficción y el nacimiento de los noticiarios informativos alrededor de 1910, el tratamiento de la realidad pasó a formar parte del nicho televisivo, lo que confinó al documental cinematográfico de autor prácticamente a la marginación. Por supuesto, el cine documental siempre ha existido, aunque quizás muchos expertos coincidirían que con Bowling for Columbine (Michael Moore, 2002) el género dio un salto comercial sin precedentes, dejando de ser el segundo plato para la industria cinematográfica y televisiva, y consiguió de esta manera una mayor exhibición en las salas comerciales y un público fiel e interesado por este tipo de producciones.
Según Patricio Guzmán, reconocido documentalista chileno, el documental es el género cinematográfico y televisivo que más se ha desarrollado en Europa durante los últimos 10 años. Hasta cierto punto esto también es aplicable a Latinoamérica, pero en menor medida ya que en Europa, (sobre todo en países como Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Suiza, Inglaterra y España en menor proporción) se ha apoyado la creación y la producción del género documental mediante la difusión y la coproducción en importantes canales de televisión como France-3, arte, Canal+, Sat3 y la eminente expansión de los canales temáticos. Esto produjo que se llenara la parrilla televisiva de interminables horas de retransmisión. Sólo en 1992 se estima que hubo una producción estimada de 3 mil documentales en toda Europa.
Tampoco hay que olvidar que, con los avances tecnológicos acontecidos en el sector en el último cuarto de siglo, la producción de documentales se ha democratizado: hoy en día toda la tecnología tiende a lo digital, lo que implica que los procesos de grabación son menos costosos, más espontáneos, donde cualquiera puede tener acceso a un equipo de grabación básico. Digamos que se han derribado las barreras que convertían al género en algo arriesgado y poco práctico debido a que muchas veces el guión, la historia en sí misma, o el plan de rodaje no es tan preciso, ordenado en el tiempo y estudiado como en el cine de ficción. (...)
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