jueves, 10 de enero de 2013

La dimensión temporal del dispositivo

http://estudiantesdefsoc.com.ar/ciencia-de-la-comunicacion/144-planificacion-de-la-actividad-periodistica/759-la-imagen-parte-b.html

 La imagen en el tiempo, el tiempo en la imagen  Vivimos en y con el tiempo, y en el tiempo realizamos nuestra visión. Por otra parte, las imágenes existen también en el tiempo. El aspecto temporal del dispositivo es el punto de encuentro entre estas dos determinaciones, y las diversas configuraciones a las que da lugar este encuentro.

 Pequeña tipología temporal de las imágenes  El tiempo es, psicológicamente hablando, la duración experimentada. De modo que la primera y más importante de las divisiones se establecerá entre los dispositivos de imágenes que incluyen constitutivamente la duración, y los que no la incluyen. Esta primera división incluye dos grandes categorías de imágenes:
·          No temporalizadas: Existen idénticas a sí mismas en el tiempo, al menos exceptuando las modificaciones muy lentas y casi imperceptibles para el espectador.
·          Temporalizadas: Se modifican con el transcurso del tiempo sin que el espectador intervenga; por el simple efecto de su dispositivo de producción y de presentación.
Pero esta división es muy simple, y en la práctica va acompañada por otras que, sin afectar directamente al tiempo, influyen en la dimensión temporal del dispositivo.

Imagen fija
vs. imagen móvil
La imagen fija es de fácil definición, la imagen móvil puede adquirir muchas formas, aunque la imagen motora (cinematográfica o videográfica) es la especie dominante.
Imagen única
vs. imagen múltiple
Unicidad y multiplicidad se definen espacialmente (la imagen múltiple ocupa varias regiones del espacio, o la misma región del espacio en sucesión), pero no sin incidir en la relación temporal del espectador con la imagen, porque no es lo mismo contemplar la proyección de la misma diapositiva durante una hora que dedicar el mismo tiempo a mirar una sucesión de 50 diapositivas diferentes.
Imagen autónoma
vs. imagen en secuencia
Este criterio es más bien semántico, por ser la secuencia una serie de imágenes ligadas por su significación; y además, puede concebirse esta dicotomía como variante de la precedente, porque tiene efectos temporales comparables.

 Tiempo espectatorial y tiempo de la imagen  Las imágenes mantienen así una relación infinitamente variable con el tiempo. La dimensión temporal del dispositivo es la vinculación de esta imagen, variablemente definida en el tiempo, con un sujeto espectador que existe también en el tiempo.
Lo esencial es no confundir el tiempo perteneciente a la imagen y el que pertenece al espectador. Si ante una fotografía soy libre de permanecer una hora o tres minutos, ante una película no podré estar más que el tiempo de proyección: aquí, el aspecto temporal o no de la imagen se presenta como una coerción. Pero además, ante cada una de estas imágenes, nuestro ojo y nuestra atención podrán dirigirse variablemente en el tiempo: este segundo aspecto, el de los deseos y las expectativas, está ligado a la situación pragmática del espectador, y se vive de manera menos coercitiva, aun cuando el espectador nunca sea totalmente libre para mirar una imagen, puesto que siempre mira en virtud de consignas implícitas o explícitas de visión.

El tiempo implícito  Casi todas las imágenes contienen tiempo, que son capaces de comunicar a su espectador si el dispositivo de presentación es adecuado para ello.

 El arché y el saber supuesto  Si una imagen, que por sí misma no existe en modo temporal, puede, sin embargo, liberar un sentimiento de tiempo, es forzosamente porque el espectador participa y añade algo a la imagen. Según Aumont, ese “algo” es un saber sobre la génesis de la imagen, sobre su modo de producción, sobre lo que Schaeffer llama el arché. En cuanto objeto socializado, la imagen posee un modo de empleo supuestamente conocido por su consumidor, el espectador. Como todo artefacto social, la imagen no funciona sino en beneficio de un saber supuesto del espectador. En la imagen no temporalizada hay tiempo incluido, a poco que el espectador entre correctamente en un dispositivo que implique un saber sobre la creación de esa imagen, y sobre su tiempo creatorial. No es, pues, la imagen misma la que incluye tiempo, sino la imagen en su dispositivo. Dos ejemplos:
a)      Fotografía, huella, indicador: Antes de ser una reproducción de la realidad, la fotografía es una huella (grabación) de tal situación luminosa, en tal lugar y tal momento; conozca o no la historia de la fotografía y de su invención, todo espectador sabe eso. Ese saber sobre la génesis fotográfica es esencial. En los últimos años, varios teóricos han afirmado que la foto actúa como huella también en otro sentido: han señalado que la foto está más cerca del indicador que del signo, ya que el indicador mantiene con su referente una relación natural. Para estos teóricos, la foto también es indicador en el plano temporal: en una foto hay tiempo incluido, como señala Metz, “sigue eternamente mostrándonos con el dedo lo que ha sido y ya no es”. El dispositivo fotográfico descansa sobre algo que el espectador sabe: la imagen fotográfica ha captado tiempo para restituírselo. Esta restitución será convencional y codificada, será, a su vez muy variable, pero el saber, por su parte, está siempre ahí. Mi saber sobre el arché fotográfico me permite leer ese tiempo, experimentar sus connotaciones emocionales, o incluso revivirlo. La fotografía transmite a su espectador el tiempo del acontecimiento luminoso del que es huella. El dispositivo se cuida de asegurar esta transmisión. Esta inclusión de la huella temporal es notable sobre todo en las fotos instantáneas, tipo Polaroid. Su modo de producción particular las vincula de inmediato con un lugar y un instante.
b)      Cine, secuencia, montaje: Todas las películas, o casi todas, son montadas; aunque algunas películas contengan muy pocos planos y aunque la función del montaje esté lejos de ser la misma en todas partes. Es indispensable, entre otras cosas, para entender bien una película, saber que un cambio de plano representa una discontinuidad temporal en el rodaje, que la cámara que ha filmado la escena no se ha desplazado bruscamente a otro punto del espacio, sino que ha habido, entre filmación y proyección, una operación de montaje. El montaje y la secuenciación fabrican en el cine un tiempo artificial, sintético, relacionando bloques de tiempo que no son contiguos en la realidad.

La imagen temporalizada

 Imagen fílmica, imagen videográfica Hay numerosas y radicales diferencias técnicas entre los modos de registro y de restitución de estos dos tipos de imágenes:
·          la imagen fílmica es una imagen fotográfica, la imagen videográfica se graba sobre un soporte magnético;
·          la imagen fílmica se registra de una vez, la imagen videográfica se registra por medio de un barrido electrónico que explora sucesivamente líneas horizontales superpuestas; 
·          en la proyección, la imagen fílmica resulta de la proyección sucesiva de fotogramas separados por negros; la imagen de video, de un barrido de pantalla por un rayo luminoso.
Estas diferencias son muy reales, pero su incidencia en la aprehensión que tenemos de las dos clases de imágenes móviles ha sido, la mayoría de las veces, sobreestimada. Es cierto que la imagen videográfica no se percibe exactamente como la imagen fílmica, la diferencia entre ambas se debe a la frecuencia de aparición de las imágenes sucesivas. En el cine, esta frecuencia suele ser lo suficientemente elevada como para permitir el centelleo, pero en video la frecuencia está supeditada a la frecuencia de la corriente que alimenta el aparato, y no es posible proyectar las imágenes en un ritmo más rápido. Aumont propone, por lo tanto, tratar a la imagen fílmica y la imagen videográfica como dos variantes, difíciles de distinguir fenoménicamente, de un mismo tipo de imagen, la imagen móvil, o mejor aún, la imagen temporalizada.

 La situación cinematográfica  Esta expresión designa el encuentro entre el espectador y el dispositivo de la imagen temporalizada. Este encuentro entraña aspectos que, por supuesto, no son de naturaleza temporal, siendo el principal fenómeno psicológico el de segregación de los espacios (separación entre el espacio percibido en la pantalla y el espacio de la propiocepción).
El rasgo esencial del aspecto temporal del dispositivo es que este produce un movimiento aparente. El papel propio del dispositivo es regulador, ya que consiste en ayudar a percibir adecuadamente ese movimiento aparente. Hay en esto un aspecto técnico, pero también un aspecto socio-simbólico, ya que el dispositivo legitima el hecho mismo de ir a ver imágenes móviles en una pantalla: el dispositivo cinematográfico es lo que autoriza la percepción de una imagen móvil. Pero hay un rasgo secundario que merece nuestra atención: la imagen fílmica es una aparición, es decir, está sometida a un proceso de aparición/ desaparición. Esta aparición brusca, en la oscuridad, tiene al menos una consecuencia importante: el contorno de la imagen, sus bordes, se ven como pertenecientes a la imagen, mientras que la imagen misma aparece como “adherida” a su fondo. Este rasgo, desde luego, es tanto temporal como espacial.

 Imagen-movimiento, imagen-tiempo  La imagen cinematográfica apareció desde el principio como novedosa porque es una imagen que está en movimiento, además de representar un movimiento. Partiendo de esta comprobación, Deleuze propuso hacer de la imagen-movimiento una de las dos grandes modalidades del cine. Deleuze distingue tres variedades de imagen-movimiento:
·          imagen-percepción ® predominio del proceso perceptivo.
·          imagen-acción ® predominio del proceso narrativo.
·          imagen-afección ® predominio del proceso expresivo.
Más tarde, Deleuze introduce la noción de imagen-tiempo, para designar a la imagen fílmica del post-clasicismo. Esta nueva imagen traduce una crisis, una “ruptura de los lazos sensorio-motores”, y muestra cuidado en la exploración directa del tiempo. Para Deleuze, el dispositivo cinematográfico no implica solamente un tiempo que transcurriría, sino también un tiempo complejo por el cual nos movemos al mismo tiempo en varios planos. Y esto no solo porque hagamos funcionar nuestra memoria y nuestras expectativas, sino porque el cine, cuando insiste sobre la duración de los sucesos, casi consigue hacernos percibir el tiempo.

Dispositivo, técnica e ideología

El dispositivo implica mucho más que una simple regulación de las condiciones espacio-temporales del encuentro entre espectador e imagen. Hay también una dimensión simbólica de la cuestión, de la cual Aumont pretende dar cuenta.  

El soporte de la imagen: impresión vs. proyección

 ¿Dos dispositivos?  Si pasamos revista mentalmente a la mayoría de las imágenes, encontraremos casi inmediatamente una gran división entre imágenes impresas (obtenidas por la aposición de pigmentos coloreados sobre una superficie-soporte) e imágenes proyectadas (obtenidas captando en una pantalla un haz luminoso).

Imagen impresa
Imagen proyectada
·          Es manipulable.
·          Más móvil.

·          Exige luz para ser vista.
·          Aparece como un todo difícilmente transformable.
·          Sólo existe donde se encuentre una máquina que pueda proyectarla.
·          Lleva consigo su propia luz, necesita eliminar las otras fuentes luminosas.

Es lícito preguntarse si este conjunto de diferencias no señala la existencia de dos grandes dispositivos de imágenes ligados a estos dos tipos:
·          El primer dispositivo, basado en la circulación de imágenes impresas, de tamaño más bien reducido, contempladas por un espectador relativamente libre en sus movimientos, y eventualmente manipulables ® fotografía de aficionado.
·          El segundo dispositivo, fundado en imágenes proyectadas, de tamaño variable pero a menudo bastante grande, vistas por un cierto número de espectadores al mismo tiempo, en un lugar especialmente preparado para esta presentación ® cine.

 Imagen opaca, imagen-luz  La imagen de video es a la vez impresa y proyectada, pero ni es impresa al modo de la imagen fotográfica, ni es proyectada al modo de la imagen cinematográfica. Lo que vemos es el resultado de una proyección luminosa, pero esta proyección proviene de la parte posterior de la imagen, y de un lugar que debe permanecer inaccesible. Por otro lado, esta luz se dirige a varios puntos de la pantalla, alcanzados simultáneamente según un ritmo periódico. Este segundo rasgo es el que permite pensar en la imagen de video como impresa, una impresión efímera y constantemente renovada.
Por este motivo, la imagen de video aparece como un tercer tipo de imagen, que combina los rasgos que habíamos opuesto en los dos dispositivos mencionados anteriormente: es de tamaño pequeño pero sigue siendo inmóvil; se dirige a un espectador tanto individual como colectivo, a veces en el espacio doméstico y a veces en el espacio socializado; no requiere ser vista en la oscuridad, pero un exceso de luz parásita sobre la pantalla puede alterarla. Sólo el criterio de la manipulación la alinea en el sector de la imagen proyectada: para manipular la imagen de video hay que intervenir remontándose a su producción.
Hay imágenes opacas, hechas para ser vistas por reflexión y que pueden tocarse; estas imágenes están, unívocamente, ante nuestra vista; y resultan de un sedimento sobre un soporte del que ya son inseparables. Y hay imágenes-luz, que no resultan de sedimento alguno, sino de la presencia más o menos fugitiva de una luz sobre una superficie en la que nunca se integra; y tienen una fuente localizable.

La determinación técnica 

 Técnica y tecnología ® Respecto de estas esferas, Aumont hace tres distinciones:
·          El utillaje de que se dispone para realizar un acto dado;
·          La técnica de aplicación de este utillaje;
·          El discurso sobre la técnica en general, y las consecuencias obtenidas de él en ciertos casos particulares.

 La imagen automática ® Entre las novedades tecnológicas vinculadas a la producción de imágenes, hay una que se ha considerado una verdadera revolución: la que (con la invención de la fotografía) introdujo la posibilidad de producir imágenes “automáticas”. Esta novedad ha sido frecuentemente vinculada a la idea de que, como toma automática de una marca de lo visible, la fotografía escaparía, al menos parcialmente, a la intervención humana. Si la fotografía, tal como planteó uno de sus inventores (Fox Talbot) está “como dibujada por la misma naturaleza”, entonces nada tenemos que ver, evidentemente, con ella. Las consecuencias que se extraen de este razonamiento van en dos direcciones radicalmente opuestas:
·          bien se concluyó que existen posibilidades propias de la fotografía, que pueden revelarnos el mundo de manera distinta a cómo lo revela el ojo;
·          bien se concluyó, por el contrario, que la fotografía es el arma suprema de la representación, que acaba y completa lo que había emprendido toda la historia anterior de las artes figurativas: la imitación de las apariencias. En tanto retoño de la cámara oscura, la cámara fotográfica es, como su antecesora, capaz de producir automáticamente una vista perspectivista ópticamente  perfecta; pero además ofrece la ventaja de fijar esa producción, de registrarla.
A pesar de la oposición entre ambas corrientes, ambas tienen en común, por una parte, el concebir de modo positivo la invención del registro automático de una construcción perspectiva, y, por otra parte, el no interesarse sino indirectamente por el espectador de la fotografía, en tanto poseedor de un saber supuesto. Pero esta legitimidad documental de la imagen fotográfica fue cuestionada durante los años ’60 y ’70. Estas críticas plantean que la invención de la fotografía se produce al mismo tiempo que Hegel clausura la historia de la pintura, dándole un final; es, pues, en el momento en que se confirma que la perspectiva tiene relación con cierta estructura cultural, cuando la fotografía viene a borrar esta toma de conciencia, produciendo mecánicamente una ideología perspectivista.
Si la fotografía reproduce una ideología, sólo puede ser por el conjunto de su dispositivo y con destino a su espectador. La fotografía, en cuanto registro perspectivista automático, funciona como una especie de trampa ideológica, puesto que implica a un sujeto espectador que esté dispuesto de entrada a aceptar la ideología como herramienta legítima de representación.

 Técnica e ideología ® Jean-Louis Comolli sistematizó la reflexión sobre las relaciones entre la imagen –en especial la imagen fotográfica–, su técnica, su dispositivo, y la ideología que este último transmite con destino a su espectador, planteando tres cuestiones precisas: la relación entre la imagen fotográfica/ cinematográfica y la imagen pictórica del Quattrocento; la relación entre la invención de la fotografía y la del cine; y la cuestión de la cámara y de su papel como modelo.
a)      La cámara como metonimia del cine: de todo el aparato cinematográfico, la cámara es la parte que más directamente se relaciona con lo visible:
·          metonimiza la parte visible de la producción y de la tecnología;
·          trata directamente la luz y lo visible;
·          se metonimiza a sí misma en una parte que es el objetivo. Comolli destaca el deslizamiento abusivo del objetivo a la objetividad.
Todo esto autoriza a Comolli a concluir que la cámara “transmite una ideología de lo visible” y, por tanto, que una teoría materialista del cine debe distinguir cuidadosamente lo que es herencia ideológica de lo que aportación científica. Esta observación es capital, en especial en un momento en que las tesis tecnicistas tendían a negar cualquier valor ideológico a los instrumentos técnicos.
b)      La invención del cine: Para Comolli, la invención del cine es una empresa totalmente independiente de la ciencia, pues a su entender “la ciencia siempre ha estado retrasada frente a los descubrimientos prácticos”. Comolli plantea que la invención del cine está determinada por una demanda ideológica, emanada del medio social. Aunque parcialmente contradictoria (porque luego se dirá que el cine fue desarrollado por artesanos y por científicos), Aumont otorga gran importancia a esta tesis.
c)      La profundidad de campo: Comolli trata este punto en cuanto la profundidad se encuentra ligada a la perspectiva. Para Comolli, todas las concepciones de la imagen fílmica tendientes a autonomizar el espacio fílmico derivan de una ilusión fundamental que sitúa la representación fílmica bajo la dependencia de la representación renacentista.
d)      Conclusión provisional: A través de sus artículos, Comolli busca redefinir las condiciones de una historia del cine que evidencien el papel mayor de la ideología, y el juego de la sobredeterminación (en el sentido de Althusser). Para Comolli, el punto de partida crucial, alrededor de los debates sobre la profundidad de campo, es el de la ideología realista (que tiende a identificar con la ideología de lo visible). Este autor considera que el dispositivo cinematográfico solo es comprensible si se analiza como articulador de la esfera de la técnica y la de la estética con una demanda ideológica, formulada hacia atrás y hacia delante, y que determina, pues, a la vez invenciones técnicas y la aceptación del dispositivo por parte del espectador, todo ello incluido en una historia de la representación y de las imágenes que es, ampliamente, la historia de esta demanda ideológica.

El dispositivo como máquina psicológica y social

 Los efectos sociológicos ® Bourdieu plantea que la mayoría de las personas se “asustan” con la pintura, y que encuentran en la fotografía ese art moyen para calmar ese temor. Este autor estudia la fotografía como práctica social a mitad de camino entre la diversión y el arte, que define un público que le es propio. Bourdieu considera que la fotografía está a punto de convertirse en un arte plenamente legitimado, pero el método de estudio sigue siendo un modelo en su género, por su rigor, y sobre todo, por el cuestionamiento metodológico constante al que los autores someten su trabajo.
Dos ejemplos de la historia social del arte:
a)      El ojo del Quattrocento (Baxandall): La tesis central de este libro es que, determinada ante todo la visión de una pintura por factores socio-ideológicos, es indispensable, para comprender el modo en que los hombres del siglo XV veían las pinturas contemporáneas, buscar los factores que influían mayoritariamente en su visión (por ejemplo: la gestualidad de la corte, el texto bíblico, la simbología de los colores, la danza, la matemática, etc.). A estos factores, Baxandall añade una lista de elementos propiamente pictóricos.
b)      La “absorción” (Fried): Este termino designa el estado psicológico de ciertos personajes pintados que parecen concentrados, absortos por una ocupación o por sus pensamientos, o por una conversación. Fried emite la hipótesis de que ese estado es característico de una parte muy elevada de pinturas francesas del siglo XVIII, y que el predominio de esta figura de la absorción en las obras de esta época no puede explicarse sin hacer referencia a un sistema de valores implícito, que es a la vez el de los pintores y el del supuesto espectador. Esta tesis no solo opera un enlace entre los valores pictóricos y los fenómenos ideológicos o sociales, sino que lo hace a propósito de una figura pictórica que se refiere, ante todo, a la presencia de un espectador ante la tela.

 Los efectos subjetivos   En tanto regulador de la relación entre espectador y obra, el dispositivo tiene efectos sobre ese espectador en tanto individuo. Es la teoría del cine la que más sistemáticamente ha estudiado estos efectos, desde una perspectiva ampliamente inspirada por el psicoanálisis. El término mismo de “dispositivo” fue introducido por Jean-Louis Baudry, quien centra su estudio en la impresión de realidad y sus raíces. Baudry plantea que el dispositivo cinematográfico determina un estado regresivo artificial, acompañado de lo que él llama “una relación envolvente con la realidad”: “el aparato de simulación consiste en transformar una percepción casi en una alucinación, dotada de un efecto de realidad no comparable con el que aporta la simple percepción”.
Fue Metz quien desarrolló más sistemáticamente los aspectos subjetivos del dispositivo-cine: ¿por qué se desea ir al cine, en general? ¿cómo produce el dispositivo-cine un espectador en particular? ¿cómo se comporta el sujeto-espectador durante la proyección?
El estudio de otros dispositivos está, en esta dirección del sujeto espectador, claramente menos adelantado.

 Los efectos ideológicos  En la frontera, en cierto modo, de lo subjetivo y lo social, el dispositivo se define, finalmente, por sus efectos ideológicos. Estos efectos fueron los primeros en ser estudiados, no porque fueran los más importantes, sino porque la noción de dispositivo apareció al mismo tiempo que un conjunto de trabajos sobre las prácticas artísticas en cuanto fenómenos ideológicos.
El cine, en su forma dominante, manifiesta una búsqueda de la continuidad y del centramiento; una y otra características se ven como constitutivas del sujeto, y la función ideológica del cine consiste en constituir en sujeto a un individuo, situándolo imaginariamente en un lugar central. En el cumplimiento de esta función, el dispositivo desempeña un papel esencial: es lo que no es visible, pero que permite ver. Tal dispositivo está enteramente centrado en el ver: el espectador es “omnividente”, y a la vez no hace otra cosa que ver, y en esta restricción al ver se representan los efectos ideológicos. Esta reflexión ha afectado sobre todo al cine, en cuanto aparecía, a causa de la fuerte impresión de realidad que desprende, como el vector privilegiado de una ideología de “lo visible”. Pero llevaba necesariamente a reconocer que estos efectos ideológicos asignados al dispositivo-cine no habían caído del cielo, sino que se inscribían en una larga historia cultural. Para Baudry, por ejemplo, la producción (por parte del dispositivo-cine) de un sujeto centrado se vincula con la noción de sujeto trascendental derivada de la filosofía cartesiana y del existencialismo.

Conclusión: dispositivo e historia

Tal como se señaló al comienzo, el dispositivo es lo que regula la relación del espectador con sus imágenes en un cierto contexto simbólico. Dicho contexto simbólico es también, necesariamente, un contexto social, puesto que ni los símbolos ni la esfera de lo simbólico existen en abstracto, sino que son determinados por las características materiales de las formaciones sociales que los engendran. Por eso, el estudio del dispositivo es forzosamente un estudio histórico: no hay dispositivo fuera de la historia
 

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